Los de Rojo se clasificaron para la ronda final con un gol en el último minuto tras un partido tenso y competido.
Cristóbal Guzmán
Carlos Alfaro (derecha en la imagen) celebra con sus compañeros el segundo gol de La Roda en el último minuto.
Ruben Serrallé
El fútbol devolvió ayer a La Roda lo que le quitó en la primera eliminatoria por el ascenso, con una victoria en el último suspiro que premió el extraordinario esfuerzo de un equipo que vuelve a acariciar el hito histórico de colarse en la categoría de bronce.
Durante toda la semana, Antonio Cabezuelo Rojo hizo bien en advertir que, a pesar del 1-1 de la ida, la empresa no iba a resultar precisamente fácil, lo que finalmente ocurrió.
En la primera parte, La Roda intentó despojarse de la inevitable ansiedad de estas citas, y lo consiguió frente a un buen equipo que a los 10 minutos ya había avisado en una jugada a balón parado que Orbegozo, un magnífico delantero, estuvo a punto de cazar frente al portero.
La disposición de ambos equipos hacía prever una escasez de oportunidades que, para La Roda, se limitaron a una falta frontal lanzada por Espínola que Cardiel sacó de la escuadra y el primer gol del partido, en un saque de esquina de José Mari mal blocado por el portero que acabó con un balón suelto en el segundo palo, donde Jesús fusiló el 1-0.
Tras el gol, el Amorebieta estiró algo sus líneas, pero con una falta de ideas que situaron el partido, ya al descenso, donde querían los albaceteños.
JARRO DE AGUA FRÍA. A la vuelta del descanso, un barullo en el área cambió el rumbo del encuentro. Ros Gómez, que arbitra porque tiene que haber de todo en los terrenos de juego, sancionó con un rigurosísimo penalti una acción de Muxi que valió el 1-1, no sin que antes Orbegozo debiera repetir el lanzamiento.
Tras el gol, los vascos apretaron los dientes y superaron en el mediocampo a un abatido La Roda, que sólo dio señales de vida en un pase de cabeza de Zurbano al que no llegó Pierrick y en una buena combinación que José Mario remató fuera.
Rojo decidió quemar las naves retirando a Patuso por el renqueante Mauro, dando paso a unos minutos finales con dominio alterno aderezado con un par de agresiones de futbolistas vascos de las que el murciano Ros, por supuesto, no quiso saber nada.
Cuando el fantasma de la prórroga se cernía sobre el Municipal, llegó el último cartucho con una falta lateral botada por José Mari y un testarazo certero de Carlos Alfaro, que desató el delirio en el graderío. Ni siquiera los cuatro minutos añadidos ni un doble final de partido (Ros es así) acabaron con una ilusión que continúa.
















